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miércoles, 15 de abril de 2009

HISTORIA DEL CLUB DEPORTIVO SAN ANTONIO DE VIÑA DEL MAR

EL ORIGEN DIVINO

Monseñor Félix Ruíz de Escudero llegó a Viña del Mar, proveniente de España, a fines de los años 30 con la misión levantar el espíritu social y religioso de la comunidad. Inicialmente estuvo a cargo de la Parroquia de Viña, ubicada a pocos metros de la Quinta Vergara y que es sin duda una de las más importantes construcciones de la ciudad por su valor histórico y la trascendencia que tiene para algunos hasta el día de hoy.

Poco tiempo después de su llegada, los párrocos le pidieron que construyera una capilla en la parte oriente de la Población Vergara, hoy correspondiente al sector de la población textil, 15 Norte y la Calle San Antonio. Cuando el presbítero llegó se encontró con un barrio medio muerto sin más actividad comercial que las casas de prostitución y las botillerías que se encontraban en cada esquina. En ese entonces casi todos los caminos estaba sin pavimentar y aún no se construían las plazas y los colegios que existen hoy en día.

Según la gente que conoció a Monseñor Félix, era un extraordinario orador, tenía gran empatía y poder de convencimiento, además de un estilo jovial y distendido para dirigir las misas muy distinto al de sus pares en esa época. Con el propósito de recaudar fondos para la construcción de la Parroquia de San Antonio, debió relatar varias veces en la Parroquia de Viña las miserias que sufrían los pobladores y lo necesario que era construir un templo de fe en ese lugar. Una vez finalizada la misa y luego de haber recibido algunos aportes solidarios, una mujer adulta se le acercó y le preguntó - ¿usted me aceptaría ésta ayuda? - y él le contestó - sí claro, la estamos necesitando mucho.

No se sabe cuanta plata fue, pero dicen que lo suficiente para construir la parroquia San Antonio y costear gran parte de las obras de caridad del monseñor en Chile. La mujer que donó el dinero se llamaba María Teresa Braun de Aristía y estaba casada con un importante empresario, tuvo tres hijos, todos ellos ya fallecieron.

LA FUNDACIÓN DEL CLUB

Dos años después de la inauguración de la parroquia en 1940, un 5 de septiembre, Félix Ruiz de Escudero fundó el Club Deportivo San Antonio de Viña del Mar. Su idea era formar un equipo de fútbol que reuniera a la gente del barrio para que se mantuviera vinculada a la iglesia y lejos de los ya mencionados vicios.

El párroco estuvo intensamente ligado al desarrollo del club pero cuando falleció en 1960 el equipo se tambaleó. Para ese entonces el club estaba muy bien posicionado en el fútbol amateur y era bastante popular no sólo en el barrio sino también en otras localidades de la comuna. De hecho San Antonio era una de los auspiciadores oficiales de los carnavales de Viña del Mar que se celebraron entre los años 50 y 60 en Viña del Mar.

Cabe destacar que Gripina Duarte de 86 años y es una de las hijas ilustres del barrio San Antonio y ha estado siempre ligada a la iglesia y a la obra de su fundador. Sin ir más lejos, ella apareció por los años 60 en una revista que unos jóvenes estudiantes hicieron por encargo de los comerciantes del barrio. En el artículo se la consignaba como la mujer más entendida sobre la historia de la parroquia San Antonio, el barrio y la obra del religioso.

La señora Gripina perteneció durante 40 años al coro de la parroquia, y lo seguiría haciendo de no ser por el mal estado de su voz y lo avanzado de su edad, mientras vivó el padre Félix cantó en más de alguna ocasión con su grupo en el estadio municipal “El Bosque” apoyando al equipo. "Cada vez que San Antonio metía un gol cantábamos: Ha sido un gol. Un gol impecable. Un gol imparable. Que ha San Antonio le hace ganar. ¡Gol! ¡Gol!" relató con entusiasmo.

EL MOMENTO DE GLORIA Y LA SEPARACIÓN

Con la muerte de su fundador, el club fue de mano en mano por un extraño periodo en el que nadie quería hacerse cargo del club, ya que el puesto de Presidente requería de mucho tiempo y dinero para mantenerlo. Fue así como el equipo recaló en las manos de Hernán Apablaza y John Cambell, el primero trabajaba en el cementerio de Playa Ancha en Valparaíso y el otro era oficinista en un banco, con ellos a la cabeza se logró el mayor éxito deportivo de la historia del club, ganar la Copa de Campeones de la Quinta Región.

Este campeonato se realiza cada año y reúne en un sólo torneo a los ganadores de todas las asociaciones amateurs de la zona. En 1962 fecha en que Chile era sede y organizador del mundial de fútbol, San Antonio representando a la asociación Santa Inés se consagró como el mejor de todos. Probablemente, el envión económico que significó la llegada de Apablaza y Cambell permitieron al club realizar las inversiones necesarias para conformar un equipo de elite que obtuvo el logro más importante en la historia del club, la Copa de Campeones.

Jaime Bustos es uno de los jugadores que ganó el prestigioso torneo y que grabó a San Antonio en los anales del fútbol amateur. Bustos conoció muy de cerca al padre Ruíz de Escudero y recuerda con frecuencia el clima que se vivía en esa época.

"El fútbol amateur de entonces era de un nivel semi profesional, los camarines estaban impecables, todos tenían sus percheras y los baños se mantenían siempre muy limpios. La gente pagaba entrada para ir a vernos, iban en familia y se quedaban toda la mañana o toda la tarde viéndonos jugar. San Antonio era un club popular, tenía una buena hinchada, muy numerosa, llevaban lienzos y cantaban todo el partido. A veces la gente prefería ir a la cancha antes que al estadio profesional porque el ambiente y la convivencia que se daba al interior era más importante que el partido propiamente tal", relató.

Según explicó en aquella época las organizaciones vecinales funcionaban muy bien y cumplían un rol preponderante en el destino de la comunidad. Todos se conocían y había un gran interés por participar en las actividades sociales.

"El nivel de jugadores y de educación de los mismos, era muy distinta a la de los de ahora, por ejemplo antes los jugadores eran más leales, se daban enteros en la cancha por la camiseta y entraban con vehemencia a la pelota pero sin mala intención. Aparte no estaban gritándose garabatos o yéndose a las manos cada vez que había una falta o un cobro injusto. Era otra cosa", contó con nostalgia Bustos.

Sin embargo, cuando muere monseñor Félix se produce un quiebre entre la iglesia y la rama deportiva, una de las razones fue que los padres que llegaron para hacerse cargo de la parroquia no conocían de la existencia del club, y por otra parte, paulatinamente la gente del barrio se fue desvinculando de la iglesia. De hecho cuando el club pasó a manos de Apablaza y Cambell, ya no recibían los aportes económicos de la iglesia.

Como la iglesia dejó de ser el lugar de encuentro, la gente del club comenzó a reunirse dos o tres veces por semana en un bar-restaurante que está a unas dos cuadras de la institución católica. “El Punto” es un boliche pequeño, bastante oscuro y con mala ventilación, hacia la derecha está la barra y pasando por el corredor hay un espacio más amplio donde están las mesas. El dueño de este lugar era Juan Alfaro, que también jugaba por el equipo, aquí se realzaban las celebraciones del Club al finalizarlos partidos.

Tiempo después de la victoria histórica en la Copa de Campeones, Apablaza dejó la administración del club y luego de una seguidilla de presidentes el equipo quedó en manos de Alfaro quien por entonces oficiaba de tesorero en el equipo.

EL SALVADOR

Héctor “El Chino” Alvarado nació el mismo año y día que el club, pero dos meses antes que su fundación, él jugaba por un equipo de la industria Gratri que se emplazaba en la población 15 Norte. El Chino, como le dicen sus amigos, llegó el año 65 al Club Deportivo San Antonio y aunque nunca jugó en él tenía una particular cercanía con la institución, básicamente por las amistades y el ambiente que se daba entorno al equipo.

"Yo estaba metido en el San Antonio hace tiempo y un día que jugábamos y no habían llegado las camisetas tuve que ir al un restaurante ‘El Punto’ a buscarlas. Se supone que Alfaro se iba a hacer cargo del club. Fui al segundo piso a sacar las cosas y me encuentro con las camisetas sucias desparramadas en el suelo. Nunca se me va a olvidar esa imagen. Fue entonces cuando le dije a Alfaro que si él no se quería hacer cargo, lo podía hacer yo. Y así fue", señaló.

De esta manera, a los 23 años Héctor Alvarado, junto con su compadre el "turco" Jorge Mizeti, dueño de una famosa carnicería en la calle San Antonio, se pusieron al mando de la institución. Jaime Bustos, amigo del Chino, dice que él siempre tuvo una gran capacidad de organización y liderazgo, "siempre estaba preocupado de las cosas del club: las camisetas, los zapatos, los jugadores, los pagos, y todo lo que estuviera relacionado", comentó.

"Si no fuera por el Chino el San Antonio habría muerto hace rato. A veces peleaba con el "turco" porque este tipo era medio chueco con las platas, y discutían seguido porque el Chino le pasaba la plata para las cuentas del club y el Jorge siempre decía que le faltaba. Yo creo que se echaba un poco al bolsillo", agregó Bustos.

Seis años más tarde, a los 46 años de edad, muere Jorge Mizeti de un paro cardiaco y el Chino queda como el único responsable del equipo. En esos años los socios habían dejado de pagar las cuotas del club y Alvarado tuvo que correr con todos los gastos: sueldo de los árbitros, cuotas de la asociación, limpieza de las camisetas e inscripción de jugadores, entre otras obligaciones.

Pero el Chino no sólo se dedica al club, tiene tres hijos y una esposa enferma de cáncer y ha debido costear numerosas operaciones para subsanar esa enfermedad. Alvarado ha trabajado durante varios años en la municipalidad de Viña del Mar como supervisor de Aseo y hace un gran sacrificio por mantener viva a la institución, sin embargo ya no tiene la misma fuerza de antes. Y el club tampoco, ya que no tiene la misma trascendencia que tenía antes para la comunidad.

El FIN DE UNA ERA Y EL COMIENZO DE OTRA

El barrio ya se había formado y estaba creciendo, el comercio se había desarrollado con gran intensidad. Prontamente, numerosas empresas fueron comprando partes del terreno para construir fábricas y abrir nuevos locales (sobre todo del área automotriz). Fue así que la gente decidió dejar sus hogares para vender los terrenos y comprar unos más baratos en los cerros de Viña del Mar.

Lógicamente, con el paso de los años muchos de los miembros célebres del equipo fueron muriendo. Lamentablemente y seguramente por la destrucción de parte importante del barrio, se dio un cambio generacional bastante pobre que poco y nada sabía de la historia del club y mucho menos de los valores que defendía la institución.

Sin embargo, el Chino Alavarado, hasta hoy, se ha encargado de mantener el perfil de los integrantes del club. "No cualquiera entra al San Antonio, tiene que tener algunas cualidades humanas específicas para poder jugar. El futbolista del San Antonio siempre se ha caracterizado por ser distinto al de los otros equipos, nosotros somos más persona, más caballeros, más educados. Por eso también a veces nos perjudican porque no somos de los que intimidan a los árbitros", aseguró el actual Presidente del club.

"Nosotros somos como la Universidad Católica, y no sólo por la camiseta, que es exactamente la misma, sino porque siempre estamos ahí, hemos sido vicecampeones tres veces seguidas y siempre pasa algo que nos deja fuera del campeonato", agregó con tono de reclamo.

Hoy por hoy la gente más antigua del barrio no sabe si el club sigue funcionando y tampoco quien se ha encargado de mantenerlo durante todos estos años. La mayoría concuerda en que la decadencia del club se dio a partir de los 80 y 90. El progreso, la vida individual, la muerte de los organismos comunales y clubes sociales provocaron la pérdida de gran parte de la mística y actividad del barrio de la calle San Antonio.

EL PRESENTE

Actualmente el equipo de San Antonio participa sin mucho éxito en el campeonato amateur de la asociación de Santa Inés, la falta de compromiso y seriedad de sus jugadores han provocado que las aspiraciones del equipo se limiten a la mera participación y el ejercicio deportivo. No obstante, todavía guarda en sus entrañas algo especial que al menos lo hace importante para todos aquellos que trabajan o han participado en él.

Es cierto. El Chino tiene razón, hay algo en el jugador del San Antonio que lo hace diferente al de otros equipos. Algo especial que hace que te enamores del club y te aferres a él sin importar los resultados o la racha por la que estés atravesando. Es una pasión por el entorno, por lo que representa y por lo que significó para tantas otras personas.

"El San Antonio es como mi hijo y lo único que quiero es que cuando me muera el club no se muera conmigo". Me dijo Alvarado en quizás el momento más sincero de nuestra conversación, mientras hacía turno de la cancha El Bosque.